El llamado Baile de los 41 es un curioso pasaje de la historia del México de principios del siglo XX, que está estrechamente ligado con la idea popular de que al cumplir 41 años un hombre se vuelve “propenso” a la homosexualidad. A raíz del incidente, el número 41 pasó a la historia de la cultura popular mexicana como símbolo gay, y es frecuentemente utilizado de forma peyorativa.

El 18 de noviembre de 1901, en pleno régimen de Porfirio Díaz, tuvo lugar en la Calle de la Paz, hoy Ezequiel Montes, en la Ciudad de México, un baile de hombres homosexuales, en el cual departían, la mitad con vestidos de mujer. Tal fiesta, moralmente censurable en esa época, fue interrumpida por una redada policial, noticia que recorrió el país entero, convirtiéndose en uno de los escándalos más sonados de la época y en material para interminables bromas y parodias, en las que participó hasta el notable grabador José Guadalupe Posada.

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Como castigo, a pesar del nulo fundamento legal del operativo, los 41 detenidos fueron enviados a trabajos forzados para el Ejército Mexicano y el gobierno, en los estados de Yucatán y Oaxaca.

Se rumoró que no habían sido 41 los detenidos, sino 42, ya que el hierno de Porfirio Díaz, el rico heredero Ignacio Mier, habría estado presente, permitiéndosele escapar. En ese caso no se trataría de un Baile de los 41, sino un baile de los 42, y debido a esta teoría también se solía sugerir que el número 42 aludía a los homosexuales pasivos.

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A raíz de este suceso se publicó en 1906  Los cuarenta y uno. Novela crítico-social, obra que,  a pesar de ser profundamente homofóbica, trató por primera vez en México el tema de la homosexualidad, que era un tabú en el país. Hoy se le considera un importante precedente de la literatura gay.

 

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